Miserias Literarias

Desgranando el agusanado mundillo editorial

07 octubre 2006

La distribución y promoción de la obra propia

Como ya he comentado en diversas ocasiones, los tres pilares básicos sobre los que se asienta la publicación de cualquier obra son edición, distribución y marketing o promoción. En esta entrada trataremos diversos aspectos relativos a estos dos últimos puntos.

Muchos autores noveles consideran como una meta en sí misma el hecho de conseguir que una editorial se interese por su texto con el fin de publicarlo. Se tiende a pensar que, una vez logrado este objetivo, el resto será camino hecho. Nada más lejos de la realidad. Tan sólo es el principio de un largo y tedioso proceso porque la edición de un manuscrito no es más que el primer paso —el más insustancial, de hecho— para lograr que nuestro texto llegue a sus potenciales lectores. De nada sirve que una editorial logre poner en la calle nuestro libro si, tras producirse esta circunstancia, o bien los lectores no lo encuentran en sus librerías habituales (por falta de distribución), o bien nadie se entera de su existencia (por falta de promoción). No basta con que un texto literario sea bueno. Los posibles lectores deben conocer que dicho texto existe y que se encuentra disponible en determinados lugares.

Hay que partir de la premisa de que, para dar a conocer la presencia de un libro en el mercado, cualquier método lícito —e incluso alguno ilícito— debe ser considerado como válido. Toda publicidad es poca. En el caso de las grandes editoriales, son ellas, a través de sus departamentos de prensa, las encargadas de todos los aspectos promocionales (reseñas y críticas en los medios, anuncios en prensa, calendario del autor, entrevistas en prensa, radio y televisión, envío de ejemplares promocionales). En ese aspecto, si el autor tiene la suerte de lograr que una editorial de primera línea apueste por su obra, trabajará a tiro hecho. El problema suele surgir cuando la editorial no es de primera línea, dispone de medios de promoción más modestos y su alcance es más reducido. Ahí, en esas situaciones, es cuando se requiere de la destreza, inventiva y habilidad del propio autor para dar a conocer el texto.

Para los grandes grupos editoriales —y las grandes distribuidoras—, la cuestión promocional se reduce única y exclusivamente al dinero que pueden gastar en ella. Por resumirlo en una sola frase: «en la promoción de un libro se compra todo». Y se paga por todo. Se paga —en dinero o en especie— por reseñas y críticas en prensa —Babelias, Culturales y QuéLeeres incluidos—, se paga por anuncios editoriales a media o cuarto de página, se paga por integrar una obra en la lista de «los diez más vendidos» de las grandes librerías y superficies —sí, lo crean o no, se paga por incorporarse a esa lista—, se paga por espacios y ubicaciones concretas en librerías y centros, incluso se llega a distribuir circulares y notas de uso interno en los grandes centros de venta con órdenes explícitas para que tal o cual libro no sea retirado de la mesa de novedades porque la editorial ha pagado su cuota de alquiler. Por poner un ejemplo al azar, el hecho de que el último libro de Paulo Coelho tenga a su disposición una mesa completa en el apartado de novedades de El Corte Inglés y ésta esté situada justo al lado de una caja o que disponga de un amplio hueco en el escaparate de la Casa del Libro, no tiene que nada que ver con la calidad intrínseca de la obra ni —tan sólo— con las expectativas de venta del propio centro. Con seguridad, la editorial habrá pagado por disponer de esa ubicación. Porque, además, el quid de la actividad promocional de un libro consiste en la constatación de que ésta se lleva a cabo mediante un recorrido cíclico: cuanto más se publicita un libro, más se vende y cuanto más se vende, más se publicita. Un proceso que, una vez puesto en marcha, se retroalimenta de forma exponencial porque, salvo honrosas excepciones, un libro, aparte de su calidad literaria, se vende mucho cuando se habla mucho de él y se habla mucho de él cuando se vende mucho. La cuestión es que, para alcanzar esa situación, es necesario poner en marcha un proceso, activar su punto de ignición. Y para llegar a todos esos potenciales compradores de libros de una forma masiva el único método factible es hacerlo con dinero por delante. Porque no nos engañemos. A estas alturas conviene diferenciar la figura del lector de la del comprador de libros y, en este país, estos últimos son legión. Y es precisamente a ellos a los que van dirigidas estas artimañas promocionales que llevan funcionando con muy óptimos resultados desde tiempo inmemorial.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando la editorial que lanza un determinado libro carece de los recursos necesarios para jugar a ese juego? Muy sencillo. Que se queda fuera del circuito. De ahí que, muy a menudo, surjan cientos de editoriales y ediciones de las cuales no sospechamos su existencia pero de las que si, en alguna ocasión y por pura causalidad, cae un ejemplar en nuestras manos nos sorprendamos diciendo: «Vaya, con lo bueno que es este libro y ni sabía de su existencia». Es en este tipo de ediciones donde entra a formar parte del juego la destreza que antes mencionaba —tanto la del autor como la de la editorial— y que debe funcionar como sustituto de ese dinero del que no se dispone. Obviamente, los resultados obtenidos serán mucho más modestos pero el esfuerzo económico a emplear también lo es.

¿A qué recursos acudir en una situación como esa? La respuesta es sencilla: a todos los posibles. Hasta los más peregrinos. A modo de anécdota ejemplificadora, en 1890, el escritor Luís Taboada publicó un libro titulado Madrid en broma. A todos sus amigos y conocidos, que no eran pocos, les envió la siguiente nota: «Perdona si en mi libro te aludo un tanto descaradamente, no hay nada de mala intención». El amigo, intrigado ante tal afirmación, compraba el libro y descubría que no se hacía alusión alguna hacia él. Eso sí, en pocos días se agotó la edición. Con esto no quiero decir que se ponga en práctica la misma artimaña sino hasta que punto el ingenio puede reemplazar la falta de medios económicos. Por ello, no hay ninguna deshonra en que el autor novel recurra a amigos, a conocidos, a amigos de conocidos o a conocidos de amigos para obtener una breve reseña en un periódico local, una mención en alguna actividad cultural de su localidad, una entrevista en alguna emisora de radio del ámbito que sea. Y si su situación personal se lo permite, tratar de picar más alto dejándose ver en compañía de escritores de mayor renombre, participando en conferencias o mesas redondas, empleando el máximo esfuerzo en desenvolverse con familiaridad en círculos afines al tipo de texto que pretende promocionar —por ejemplo, si se tratase de una novela de literatura fantástica, encaminar nuestros esfuerzos para formar parte de congresos, foros o debates sobre la cuestión—. En estos casos, no existe mejor promotor de una obra que su autor. Sé que es un camino arduo y difícil donde no siempre los esfuerzos se ven recompensados y donde el azar forma un sustrato importante de cara a obtener algún beneficio pero, por desgracia, para un escritor novel, es prácticamente la única vía. Recuerden siempre una importante máxima: si no hay dinero de por medio, lo que no hagamos por nuestra propia obra, no va a hacerlo nadie por nosotros.

15 Comentarios

Blogger Ruth dijo...

Interesantísimo post, aunque algo deprimente. No importa cuán bueno sea tu libro, lo que importa es tener la suerte de que una gran editorial confíe en ti.
Supongo que, de alguna manera, también es alentador saber que los autores tenemos la manera de hacer llegar nuestra obra al público en general. Hay que trabajar en ello y luchar por lo que queremos.

7/10/06 17:16  
Blogger Prometeo dijo...

Estimada Ruth:

Quizá no he sabído expresar con toda la claridad deseable el autentico trasfondo del asunto. Claro que importa lo bueno que sea tu libro. Quizá, en el fondo, sea lo más trascendente de toda esta historia. Pero ello no es óbice para aprender a distinguir, a comprender que el mercado editorial y la calidad literaria -aunque relacionadas y no necesariamente reñidas- son dos entidades bien distintas. Y cuanto antes se asuma ese concepto, más preparado se estará para entender lo que se debe hacer, los pasos a dar, las trampas a esquivar y los palos de ciego a evitar para poder alcanzar nuestro fin. En tan simple -y a la vez tan complicado- como eso.

Un saludo,
Prometeo

7/10/06 23:55  
Anonymous Anónimo dijo...

¿Obedecen también a intereses particulares los premios concedidos a obra publicada (me refiero al José Manuel Lara, por ejemplo)? ¿Tampoco ésos son limpios?

8/10/06 12:18  
Anonymous Anónimo dijo...

Es curioso, me encuentro con su comentario cuando voy a padecer, dentro de un par de meses, ese proceso que usted describre; el de la promoción o auto-promoción. Sus consejos son bienvenidos.

8/10/06 14:54  
Blogger Prometeo dijo...

Estimado Anonimo:

La amplia mayoría de premios concedidos a obra publicada están sometidos también a intereses particulares. Suelen ser certamenes organizados por un grupo de amigos que se reunen para premiar a otros amigos (llamese "Premio Cervantes", "Premio de la Crítica" o "Premio Nacional de Novela"). Ellos se lo guisan y ellos se lo comen. Lo que sucede en estos casos es que, al menos, no cometen la ruindad de hacer la convocatoria extensible a ilusionados diletantes para que ejerzan de claque (como en el caso de los premios a obra inédita). No juegan con la ilusión de nadie ya que los licitantes al mismo son un grupo cerrado de antemano. Y sin ser un consuelo, al menos se les debe reconocer esa circunstancia.

Del "José Manuel Lara" tan sólo debe comprobar como, en sus cinco convocatorias, ninguna de la novelas ganadoras pertenece a editoriales que esten fuera del ámbito del jurado a pesar de que sus bases permiten esta circunstancia. ("El cielo raso" es de Anagrama, "El arpista ciego" es de Planeta, "Veinte años y un día" de Tusquets, "Al morir don Quijote" de Destino y "Doctor Pasavento" de Anagrama). Creo que la circunstancia es bastante elocuente por sí misma.

Un saludo,
Prometeo

8/10/06 17:54  
Anonymous Anónimo dijo...

Mi querido Prometeo:
Haga el favor de no joderme el mito y corrija rápidamente la palabra "extensible" de su comentario anterior ecribiendo "extensiva" en su lugar, que no hablamos de chicle.
Le preguntaba acerca del Premio José Manuel Lara, y confío en que tenga usted razón (por si me cae), aunque yo apuesto por Rocangliolo pese a no formar parte Alfaguara del jurado.
Hala, a seguir divirtiendo, que lo hace usted muy bien.
Suy@,

8/10/06 18:51  
Blogger Prometeo dijo...

Estimado Anónimo:

Le ruego me disculpe por el lapsus scripti que tanto ha parecido ofenderlo. Efectivamente, el término adecuado era “extensiva” no “extensible”. Errare humanum est y a mí aún me queda mucho camino para alcanzar el Olimpo que no el Párnaso, gracias a Dios. Por otro lado, de sus palabras —en las que insinúa la posibilidad de convertirse en acreedor del Premio “José Manuel Lara” y de las cuales no tengo porqué dudar— debo deducir que es usted escritor édito. Si es quién dice ser, me complace darle la bienvenida, abrirle las puertas de este lugar e invitarle a hacernos partícipe, si lo desea, de sus experiencias al respecto. Puede usted ayudar a constatar o tratar de desautorizar las mías. Le aseguro que tanto yo como los lectores habituales de este foro le estaremos muy agradecidos.

Por el contrario, si casualmente forma usted parte de un enfurruñado grupo que se las da de poderoso, que —me consta— anda algo molesto debido a ciertos contenidos de este blog y que está tratando de seguirme la pista con el fin de desvelar la identidad que se oculta tras Prometeo para tomar las medidas —¿o debería decir represalias?— pertinentes, lamento comunicarle que pierde usted el tiempo. Si no perteneciese usted a dicho grupo de serviles criaturas, ruego haga caso omiso de lo que acabo de escribir.

Me alegra que este blog le divierta aunque su finalidad sea algo más amplia. “Instruir deleitando” que postulaba el inefable Marqués de Sade.

Un saludo,
Prometeo

8/10/06 23:37  
Anonymous Anónimo dijo...

Estimado Prometeo:
Su lapsus scripti no me ofende en absoluto, ni que convierta en esdrújulo el parnaso. Sucede únicamente que, además de interesantes, encuentro sus entradas bien redactadas y, en ellas, esos borrones leves de buen escriba se destacan más.
En cuanto a mí, sí soy édit@ y, por lo que leo, afortunad@, puesto que conseguí agente y editorial en poco tiempo y mis libros funcionan razonablemente bien.
El proceso de publicación de mi primera obra fue más o menos el que usted ha descrito: envié el manuscrito a diversas agencias y editoriales, fue rechazado puntualmente en todas las editoriales que tuvieron la amabilidad de contestar pero, en cambio, bien acogido por varias agentes. Luego, de la mano de una de cierta solvencia (aquella que me pareció tener el mejor catálogo de entre las que se interesó en mí), encontrar editorial fue más sencillo. De hecho, el libro acabó publicándose a los pocos meses en una de las que había declinado hacerlo en un primer momento.
Lo de mi candidatura al Lara, por supuesto, no lo decía en serio. Lo otro, sí. Creo que era Brech quien afirmaba que la misión principal de la obra escrita es la diversión.
Usted lo hace muy bien.
Suy@,

9/10/06 00:49  
Blogger Prometeo dijo...

Mi querido (perdóneme la familiaridad) Anónimo:

Touché une autre fois, mon/ma cheri/cherie ami/amie. La etimología de la palabra "Parnaso" indica que ésta es llana en origen. Pero dejemos los academicismos aparte si no le es molestia. Deseo ofrecerle mis más sinceras disculpas si, en un principio, el tono de mi respuesta anterior le ha resultado algo belicoso. Lo lamento de veras. Llevan unos días tratando de "buscarme las cosquillas" y ando un poco escamado con todos y con todo. Sé positivamente que se han llevado a cabo algunas maniobras -pueriles por otro lado- destinadas a revelar mi identidad y ponerme en evidencia debido a que determinados aspectos relatados en este blog no son del agrado de unos cuantos. Y en un principio creí ver en su actitud ciertos rasgos de algunos de estos enanos mentales.

Le reitero mis disculpas y me complace ofrecerle de nuevo mi más cordial bienvenida.

Un saludo,
Prometeo

9/10/06 10:34  
Anonymous eddie dijo...

Este blog se me está convirtiendo en una agradable descripción de todos estos males necesarios, muchos desconocidos para mi, otros supuestos o previstos.
Su aporte es genial, instructivo y revelador como siempre.
Saludos y muchas gracias.

9/10/06 17:01  
Blogger Ruth dijo...

En posts anteriores se comparaba este blog con "Salsa Rosa". No puedo estar más en desacuerdo: jamás he seguido el dichoso programa porque me aburren soberanamente los cotilleos y piques entre famosos, pero de este blog me gustan hasta los comentarios.

Muchas gracias por abrirnos los ojos al mundo de las editoriales.

10/10/06 18:08  
Anonymous Estela dijo...

Estimado Prometeo: ¿Qué hay de cierto en los "escritores de relleno"? Una escritora amiga me dijo que su editor la había convencido de seguir publicando con él, porque si aceptaba la oferta de una conocida editorial, no tendría la misma promoción que él le estaba dando a su obra. Le explicó que las editoriales únicamente gastan en promocionar a los grandes autores que forman parte de su nómina, por así decirlo y los nuevos escritores son aceptados como escritores de relleno, quiere decir que aparte de editar su libro no hacen esfuerzos por hacer que se venda. ¿Cree usted que esto es así?
Entonces los nuevos escritores no tenemos la menor oportunidad.
Saludos,
Estela

10/11/06 17:35  
Blogger Prometeo dijo...

Estimada Estela:

Yo más que de "escritores de relleno" hablaría, por emplear un símil futbolístico, de "escritores de cantera". Los grandes grupos editoriales suelen publicar obras de autores noveles por dos motivos principalmente: porque la obra es excepcional -y no siempre literariamente hablando- o bien porque, aun en el caso de que la obra no les haya convencido plenamente, han visto en ese autor algo que les resulta prometedor y que, de seguir desarrollándose, puede dar buenos frutos en un futuro. Esos son los llamados "escritores de cantera".

Pero, por otro lado, es rigurosamente cierto que una editorial no pone ni los mismos medios ni el mismo ímpetu en promocionar un autor consagrado que uno novel. Y que las editoriales modestas, cuando se da el caso en que lo llevan a cabo -que no es siempre-, promocionan una obra de un novel con más ahínco que una editorial de renombre. Pero eso no quiere decir que las editoriales de prestigio se desentiendan por completo de los autores que publican, por desconocidos que estos sean. Simplemente los relegan a un segundo plano.

Un saludo,
Prometeo

11/11/06 02:26  
Anonymous Anónimo dijo...

HOLA.
¡¡¡ALTO!! SONRIA ¡¡GUARDIA CIVIL!!

¡¡¡COMPRENLA!!!.....¡¡YA!!

2/7/07 22:44  
Anonymous Anónimo dijo...

Completamente de acuerdo con lo expuesto por Prometeo(al que no creo que le desaparezca su hígado, debido a los picotazos de estas aves rapaces, inmersas en las "ayudas" editoriales para que sus obras vean la luz).No hay que rebuscar mucho, pues a la vista están las obras "La Hermandad de la Sábana Blanca", "La biblia de barro" o la "Sangre de los inocentes", para darnos cuenta que la "plumilla", ha recibido con suma satisfacción la colisión que le ha producido el "empujón" de sus "adictos" políticos.También el de " La Catedral del Mar", adulterando la historia,se ha beneficiado de sus paisanos,"El Código da Vinci" con su esoterismo enmerdado ha obtenido sus pingües beneficios."La abadía profanada"(para echarse a reir), asimismo se ha "Puesto las botas" y ¿Qué me dicen del escritor "gurú" brasileiro? La repanocha.Me pregunto. ¿Hay que seguir los consejos de este mesías "junguniano?.- Como muy bien dices Prometeo o así yo lo he entendido "la pela es la pela", aunque el escritorzuelo valga menos que un pimiento frito.Bien dices que los noveles tenemos que hacer soberanos esfuerzos para promocionar nuestra obra.Esfuerzos a todas luces infructuosos si la editorial que publicita, es de peso pequeño. Tal vez tengamos que recurrir a mefistofélicas maneras de promocionar nuestro trabajo. ¿Sería una buena idea contactar con editoriales extranjeras? y hacer bueno el refran "En casa del herrero cuchillo de palo" u otra manera similar a la expuesta para que de una puñetera vez las grandes editoriales y el grupito de afines se vean con las posaderas al aire.Hay un escritor español al que yo admiro y que se encuentra a años luz de estos mentecatos mencionados, que es Arturo Pérez Reverte.Yo estimo que empleando una frase que utiliza "les dimos la del pulpo", nos interrelacionemos y pongamos nuestro saber conjuntamente para empleando la técnica de N. de Maquiavelo, demos al traste con estos "manchapapeles", surgidos al calor de la "política"(nunca mejor dicho) pues a los hechos me remito.Yo he publicado mi primera obra y está en las grandes superficies, pero no al lado de la caja ni en lugar privilegiado.Está arrinconada, para que vean menos que un cangrejo metido en legía.He sostenido un sinfín de entrevistas de medios de comunicación(radio), que me han llamado así como Europa Press, pero comulgo contigo Prometeo y me temo que mi obra, originalísima por lo que en la misma vierto , pase desapercibida para los lectores.Igual que otra que me publicarán en Noviembre y que a pesar de su bondad, intuyo que pasará lo mismo que con la que está en venta.
Finalizando mi exposición, te animo Prometeo ha seguir impertérrito en tu puesto y nos ayudes a todos los escritores noveles.Te conmino a que plantes cara a todos los "Fray Gerundios de Campazas" que te acosan sin cesar y puedas con tu pluma hacer que se hagan el "haraquiri"(metaforicamente hablando).Al enemigo ni agua y si ya la tiene por razones ocultas (a todas luces predecibles)hacer que su manantial al igual que las editoriales de las que beben, se vayan al garete de una puta vez
Saludos Prometeo. Estoy o estamos contigo
Un fuerte abrazo

24/7/07 21:24  

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