Miserias Literarias

Desgranando el agusanado mundillo editorial

21 agosto 2006

Autoedición

Siempre que me han preguntado que opinión me merece el tema de la autoedición, mi respuesta ha sido clara y rotunda: mala, me merece una pésima opinión. Y no sólo por el hecho en sí —loable en muy determinados y puntuales casos— sino por lo que subyace tras ella: esos cantos de sirena que en muchas ocasiones son empleados por personas sin escrúpulos para regalar los oídos del literato deseoso por publicar.

Dejando al margen estafas manifiestas como, por ejemplo, la del sinvergüenza de Santiago Rojas y su editorial Jamais, el tema de la autoedición nunca ha dejado de ser una cuestión controvertida. Si uno cae en la trampa de utilizar ese medio cediendo ante la vana ilusión que produce el hecho de ver editado un libro propio, lo único que obtendrá a cambio será exactamente eso: una serie de ejemplares con su nombre en portada. Y nada más. Y presupongo que cuando alguien, ilusionado por dar a conocer su obra, se plantea el recurrir a la autoedición, espera algo más que eso a cambio.

Desengañémonos. Nadie va a venir a ofrecerte a tu propia casa el negocio del siglo. Si tus textos resultasen de una calidad tan evidente y fuesen tan comerciales, el primer interesado en llevarse una gran parte de ese pastel aun a costa de arriesgar su propio dinero sería el editor. Pero mediante el sistema de autoedición, nunca se logra evaluar de forma precisa la calidad de la obra propia sino la calidad del propio dinero. Nunca se obtiene una certeza acerca de la viabilidad o la exquisitez de la obra personal, tan solo el inexorable hecho de que mientras pueda pagarlo, su obra será editada. Y presupongo que cualquier autor que se precie no busca obtener esa recompensa a su esfuerzo literario. Que nadie se llame a engaños con la mentira piadosa de «primero me autopublico y luego ya alcanzaré la fama». Eso son cuentos de princesas. Si un editor te propone sufragar una parte o todo el coste de una edición es que ni él mismo ve claro el trasfondo de ese negocio. Pero es indudable que a todo escritor novel le place el hecho de ver plasmado en un ejemplar el resultado de su esfuerzo creativo llevado a cabo durante meses e incluso, años y con ese factor juegan muchos de los mal llamados editores –autoeditores—.

Por todo esto, hay dos premisas que para mí son determinantes y que todo autor que se precie debe respetar siempre, bajo cualquier circunstancia. La primera es que, por moral y por principios, a ningún autor debería costarle dinero el hacer pública su obra. Hay miles de fórmulas alternativas que son mucho más respetables y que incluso suelen devolver mejores resultados. Por ejemplo, ceder textos de forma gratuita para ser editados en fanzines, antologías y revistas es un camino mucho digno si lo que uno pretende es dar a conocer su nombre. O publicar de forma gratuita en Internet. Todo antes que, además de tu esfuerzo intelectual, el dar a conocer tu obra te cueste parte de tu patrimonio. La segunda cuestión es de índole más prosaica. El negocio editorial —visto desde una perspectiva empresarial— se basa en tres puntos principales: edición, distribución y marketing. El primero de ellos se asienta de forma ineludible e indispensable en los otros dos. Si uno recurre a la autoedición tan sólo accederá, por norma general, al primero de ellos —la edición— con lo que, en el mejor de los casos, lo único que obtendremos a cambio de nuestra ilusión será un par de cajas de libros con nuestro nombre en la portada que guardaremos con orgullo paterno en el trastero de nuestra casa. Pero eso ni es publicar ni dar a conocer el resultado de nuestro esfuerzo.

Siempre quedan opciones al respecto. Publicar un libro no es ni tan complejo ni tan caro como pudiera parecer. Lo verdaderamente costoso es distribuirlo y darlo a conocer por lo que si uno desea simplemente ver impresos unos ejemplares de su obra puede optar por dirigirse a una imprenta solvente —ojo, he dicho imprenta, no editorial. Las hay muy dignas y profesionales— en la que, por un precio mucho más módico que el que te pueda ofrecer una editorial en régimen de autoedición, podrá obtener una maquetación más que aceptable y una determinada cantidad de ejemplares que poder regalar a los amigos o vender en la puerta del metro. Al fin y al cabo, obtendremos el mismo resultado que si hubiésemos recurrido a los servicios de autoedición de una editorial pero a un precio mucho más razonable. O por otro lado, nos queda un último recurso: el dirigirse uno mismo a editoriales de prestigio y hacerles una propuesta para editar asumiendo parte de los costes de ese trabajo. Suena extraño pero es increíble la cantidad de editoriales asentadas en el mercado —algunas de ellas muy reputadas— que aceptan propuestas de ese tipo. En el fondo no deja de ser autoedición y quizá salga un poco más caro, pero al menos se podrá contar con una serie de garantías mínimas que determinadas editoriales que practican la autoedición no pueden ni soñar en ofrecer. Por ejemplo, un nombre ya situado, un nicho en el mercado y un canal de distribución imprescindible para que una obra llegue a sus potenciales lectores.

7 Comentarios

Blogger Juan Carlos Márquez dijo...

Tienes más razón que un santo. La autoedición solo sirve para enriquecer a gente sin escrúpulos que pesca incautos en este río literario revuelto.

Espero que sigas en la brecha. Un placer leerte.

23/8/06 11:31  
Anonymous Anónimo dijo...

Cierto, pero la edición, son más cosas.
Las editoriales que tan rápido nos dirán que sí, deberían por obligación, encargarse de que los textos salieran al mercado bien corregidos; no, no suele ser así, salvo en algunas que sí son dignas en su trabajo.
Pero... fíjate por donde una editorial con cierto nombre te dice que sí y, con un arreglo como comentas, te edita. ¡Horror! ¿Cómo puede una editorial con nombre cometer la estupidez de sacar al mercado unos libros con errores y sin una buena corrección? Pues sí, ya ha pasado.
Realmente inaceptable. Por eso creo que es el propio autor el que debe mirar por su trabajo, al fin y al cabo, es su tarjeta de presentación en este mundo.
Por favor, no editen sin haber corregido los textos, creo que merece la pena pagar un poco de dinero más y presentar un trabajo digno del esfuerzo que hemos realizado en él.

24/8/06 02:07  
Anonymous Sr_patapalo dijo...

Sin ánimo de adormilar al personal, comentaré mi propia experiencia sobre autoedición. En primer lugar tengo que admitir que mi discurrir académico siempre ha seguido los derroteros de la ciencia pura, por lo que el único corrector del que había oído hablar alguna vez era el del word. Por otro lado -ahora ya no, gracias a blogs como este- no conocía nada de los entresijos que rodeaban al mundo editorial. Yo había escrito un mamotreto de 386 páginas que envié a un concurso literario al que no sé, ni siquiera, si llegó la enorme caja en la que iban las dos o tres copias encuadernadas y la plica anónima casi lacrada. Al menos, como siempre he sido un desconfiado, sí que fui al Registro de la Propiedad Intelectual y registré mi obra.
Como no tengo relación alguna con el mundo de las letras y no tenía conocido alguno en ese ámbito al que recurrir para ayudarme a dilucidar qué hacer con mis folios perfectamente justificados, comencé una infructuosa búsqueda en internet, esperando encontrar alguna dirección a la que enviar el manuscrito. A pesar de ser de ciencias, mi inutilidad rayó el infinito. No encontré nada. O no supe encontrar nada porque no sabía qué buscar. Todo lo que encontré llevaba asociado una enorme leyenda: NO ACEPTAMOS MANUSCRITOS (por saturación, por norma o por lo que fuera). Sí encontré decenas de sitios de autoedición. Ingenuamente, y como bien he visto reflejado por ahí ut supra, lo que mis ojos querían era ver el maldito libro publicado, a cualquier precio. Así que me pasé una semana estudiando las distintas ofertas -no se las puede llamar de otro modo- y me decidí a llevar el manuscrito a un sitio de autoedición.
Me llamaron a los tres días pidiéndome medio kilo de las antiguas pesetas (aunque ya nos manejábamos con euros). Bien es cierto que incluían todos los servicios de corrección, estilo y demás, pero había que vender el libro a casi 20€. Desistí. Sólo había hecho el intento para ver si consideraban el libro lo suficientemente bueno y yo no tenía que poner ni un duro. Tampoco sabía entonces que ellos se ganaban el pan de esa forma.
Pasaron cinco meses y decidí volver a intentarlo con otra ¿editorial? Esta vez acepté la propuesta. Salió bastante más barato que la anterior, porque el corrector ortográfico, el de estilo y demás, eran los extras del coche. Compré el modelo de serie y aún hoy me estoy arrepintiendo. Al menos me quedé con los derechos de la obra; y aunque la primera impresión fue un desastre, los libros quedaron bastante bien.
Ahora venía la parte más difícil. Al no ceder los derechos durante no sé cuántos años, la distribución quedó en nada. Los ejemplares que vendiera tendrían que ser colocados por mí mismo. ¿Yo comercial? Horror. Yo siempre he sido una persona bastante tímida, timorata incluso, y no tenía estómago suficiente para ir vendiendo el libro a los amiguetes. Sabía que aceptarían encantados su adquisición, pero aún así, sentía que les estaba engañando. Di el paso sin embargo y logré vender, perdón, mis familiares me vendieron, 100 ejemplares, casi regalados, a 10€. El único consuelo que me queda es que, como la impresión es por demanda, no tengo cajas llenas de libros en mi casa.
Obtuve un beneficio de trescientos euros, pero nada más. Intenté que aquella acción sirviera de termómetro para calibrar si estaba preparado para la presión del escritor. Es una prueba de fuego excelente el conocer lo que opinan los demás de tu obra, aún cuando lo que escuchas no siempre sea satisfactorio. En fin, alguien me dijo que había que estar un poco loco para imaginarse los hechos que relataba; una señora dejó el libro en la página treinta porque le pareció vergonzoso; la hermana de un amigo me pregunta, de vez en cuando, cuándo sale el segundo.
Pensaba que después de esta experiencia desistiría. Error. Sigo escribiendo, a ver si consigo al fin aprender algo de sintaxis. Eso sí, he debido de escribir unas mil páginas más que sigo sin saber adónde enviar.
Recientemente, el siroco me dio un golpe tan violento que volví a aparecer en otro despacho de autoedición. Les había mandado un manuscrito rechazado elegantemente, esta vez sí que supe que había llegado la caja, de otro premio. Lo hice porque decían que harían una lectura de la obra y emitirían un informe. El informe eran tres líneas dándome la enhorabuena. Concertaron una cita conmigo y cuando me personé físicamente allí, el hombre no se creía que tuviera treinta años; pensaba que el libro había sido escrito por un vejete. Después de una hora de conversación, me volvió a pedir otro medio kilo. Incluso se ofreció a financiarme la mitad, y casi la totalidad como, de nuevo ut supra se menciona, de la factura si estaba convencido de que iba a poder vender los, creo que eran 300 ejemplares a 20€. Mi timidez hizo el resto. De todas formas, me animó a que mandara el manuscrito a unas editoras de Barcelona que encontraría fácilmente en internet. Todavía hoy las estoy buscando. Soy un verdadero desastre.
En fin, espero no haberles agobiado mucho. Seguiré escribiendo de forma suicida. Ya estoy pensando en enviar lo que me traigo entre manos ahora a un concurso... Incorregible, ¿verdad? pero mientras sea mi cerebro, jaula del pájaro azul...

21/10/06 21:41  
Blogger Prometeo dijo...

Estimado Sr. Patapalo:

Su comentario es el preclaro ejemplo de una trayectoria literaria errática —no lo tome a mal, no pretendo ofenderlo— debido a un natural desconocimiento de los entresijos del mundillo editorial. Precisamente lo que yo, desde el inicio de la andadura de este blog, he tratado de evitar con mis afortunadas o desafortunadas exposiciones. No porque considere que la gente sea estúpida sino porque nadie nace enseñado y sé que resulta muy útil el que alguien te ayude a ver lo que tú no ves. Conozco su desespero, sus dudas, su frustración. Lo he visto decenas de veces. Y también su tenacidad, esa tenacidad imprescindible para continuar adelante. No importan los golpes. Cómo he podido deducir de su comentario, usted ha vuelto a levantarse y ha seguido escribiendo. Y sigue escribiendo. Ese es el espíritu que nunca debe abandonarse. Y si a ese espíritu podemos sumarle un somero conocimiento del medio donde pretendemos desenvolvernos, el recorrido resultará menos arduo.

Un saludo,
Prometeo

22/10/06 17:56  
Anonymous sr_patapalo dijo...

Muchas gracias por su valoración; y no se preocupe, no me ha ofendido en absoluto.

Un saludo
sr_patapalo

24/10/06 12:39  
Anonymous AnacletoTristan dijo...

Son muchos los que disfrutan más diciendo que son escritores, que escribiendo, y comprobado que no pueden entrar en una editorial normal, llevan sus manuscritos a una editorial de autoedicion para poder presumir con algo de razón.

10/11/06 14:14  
Anonymous Anónimo dijo...

ECU.

Estimados amigos:
He recibido una carta de la editorial ECU (editorial club universitario) alabando la novela que les envie. He buscado información sobre ellos en Internet y hay bastante, al parecer pertenece a un grupo, Gamma, con tiendas en Alicante (librerias y papelerias entre ellas), eso sí nada negativo en la línea de jamais. Me ofrecen la coedición con un desembolso de 2222 euros (rara cifra) tirada de 500 ejemplares y presentación en El Corte Inglés o Fnac. Recuperas la cantidad desembolsada con las ventas, más el porcentaje de derechos de autor (10%) y un extra de dos euros. Ahora mismo me encuentro entre la excitación y la desconfianza. ¿Qué me aconsejais? ¿Paso adelante?, ¿desembolso?. ¿Sabeis algo de esta editorial?.

Por otro lado, enhorabuena por este
genial blog que ya he añadido a mis favoritos.
Y una opción de edición es lulu.com, aunque las evntas por Internet aún sean escasas en España.

8/6/07 15:34  

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